La vida en el cuarto planeta

Planeta Rojo

Entre a un bar llamado la nebulosa espacial y entendí que seguro el nombre se debía al olor emanado del tipo detrás de la barra, me senté en una mesa para alejarme del hedor y una chica de mala gana se acerco para tomarme la orden, pedí una cerveza oscura, ella se giro y yo pude verle las nalgas, nada especial, aunque en el planeta rojo eso se podía considerar un lujo, imagine que aquella joven debía ser acosada por los muchos trabajadores que asistían en las noches de viernes después de la jornada en las construcciones, y ella estaría fastidiada de escuchar siempre lo mismo o simplemente tenía un humor del carajo por estar en aquel planeta semimuerto, ese sentimiento lo compartían varias personas que se desilusionaban al llegar y no encontrar sus sueños de fuga. La chica regreso y prácticamente arrojo el tarro sobre la mesa, un poco de espuma salpico en el suelo, pero eso no le importo.

Luego de beber dos tarros de amarga cerveza salí de la nebulosa espacial y me dirigí a mi departamento, las callejones que se formaban entre los pequeños locales daban una atmosfera de estar en la tierra cruzando por los bares de mala muerte de alguna ciudad del mundo, con la diferencia de que aquí no debía preocuparme por bandidos, esa era la gran ventaja de Marte. Tan pronto llegué a la entrada de mi departamento coloque mi dedo sobre el biométrico que identificó mi huella, luego de entrar me acosté en la cama sin quitarme siquiera las botas. El siguiente día continuo de lo más normal, a excepción de que unos animales marcianos habían entrado en la construcción y derribado unos postes que sujetaban unas través, el resultado fue que dos hombres terminaron en la unidad de servicios médicos y teníamos un mes de retraso para terminar aquel edificio de la misma corporación que nos puso en los cohetes espaciales.

Aquellas bestias ya habían dado problemas, pero eran tan escurridizas que escapaban sin dejar rastros para seguirlas, de cualquier forma nadie quería emprender una búsqueda y terminar perdido en los valles muertos de Marte.

Por la noche decidí entrar de nuevo a la nebulosa espacial, seguro para ver de nuevo las nalgas de la grosera que atendía las mesas, pero cuando entre ella me saludo con una sonrisa desde el otro lado del bar.

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~ por Jack en diciembre 4, 2009.

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