SI MÁs
•Enero 26, 2010 • Dejar un comentarioDE NUEVO ESTOY AQUI
•Enero 26, 2010 • Dejar un comentarioHOLA LECTORES no tan frecuentes DE ESTE BLOG
Ha pasado ya casi un mes desde que me fui a Monterrey y me pasé unas de las mejores vacaciones de mi vida, pero como la vida continua espero que las proximas vacaciones superen las anteriores, (eso será un gran reto).
Claro esta que prometí fotos y contarles de mis aventuras, pero decidí no contar mucho y agregar unas fotos solamente. (Para proteger la integridad de los afectados, jajajaja).
Van unas fotos que sacamos en Potrero Chico , Monterrey, y luego regreso con lo habitual del blog.
Claro la fecha esta mal, pero a quien le importa eso.
FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO
•Diciembre 26, 2009 • 1 comentarioescribo esto antes de salir de viaje a Monterrey. Si encuentran faltas de ortografía por favor disculpen (sonlos nervios y el teclado chafa queno sirve).
Prometo traer fotos para el deleite de todos, si se puedeme traigo a una regio, pero no garantio nada,jajajajaja
Les deseo a todos los letores del blog que tngan un super año nuevo enopañia de los seres amados y que claro nunca les falte nada.
Su amigo Jakniger.
pd.: Luego arreglo el post y hombres y algunas mujeres espero les guste la imagen
El origen de los marcianos
•Diciembre 10, 2009 • 3 comentariosEran pocas las relaciones que se daban en Marte, mucho de ello se debía a que las mujeres no permanecían demasiado tiempo en aquel planeta y cuando regresaban a la Tierra contaban las carencias que habían vivido.
Las únicas mujeres que se quedaban eran las que no tenían a donde ir, Christina, la mesera de la nebulosa espacial era una de esas chicas que había perdido todo en el tercer planeta y deseaba iniciar de cero. Cuando volví al bar y nos conocimos mejor, me conto que a pesar de trabajar y vivir en un lugar como Marte se sentía a gusto sin importar que casi todo el tiempo tuviera que lidiar con idiotas. Después de pensar en aquello me di cuenta que yo también me sentía bien por estar en Marte. El ambiente en el planeta era tranquilizador y despreocupante, que importaba si la gente de la Tierra ya no quería venir a Marte, podíamos disfrutar de una nueva vida sin política, conflictos bélicos, guerras, ni diferencia de idiomas ya que todos hablaban el mismo, ahora teníamos la vida que la Tierra no podía darnos.
Fueron varias las pláticas que tuvimos, inclusive saliamos a cenar no pude llevarla a un buen lugar como lo habría hecho en la Tierra, pero al menos no terminamos en la nebulosa espacial respirando los gases emanados de la barra, en luegar de eso fuimos a un campo rojo de Marte acompañados de una botella barata de vino y la mejor vista del espacio y sus estrellas. En cuestión de un mes ya conocíamos cada rincón de nuestras camas, creo que la atmosfera que nos rodeaba permitió expresarnos tal y como éramos y la soledad del planeta nos convenció para vivir juntos.
Algunas veces salíamos a caminar por los valles rojos de Marte, luego nos dirigíamos a las infinitas dunas que nos rebelaban los misterios de la antigua vida animal y mirábamos especímenes tan parecidos a los que viven en los desiertos de la Tierra que nos transportaban de regreso.
Ambos fuimos felices por habernos encontrado en uno de los rincones más desolados del universo.
Algún tiempo después
Como era normal que no hubiese niños corriendo en Marte la noticia de nuestro bebé fue bien tomada por nuestros conocidos, me convertí de nuevo en la envidia de mis compañeros, la primera vez había sido por casarme con Christina. Ella decidió que nuestro hijo debía llamarse “Ray”, en honor a no sé quién. Recuerdo que pensé “El nombre del primer marciano será Ray”.
La vida en el cuarto planeta
•Diciembre 4, 2009 • Dejar un comentarioEntre a un bar llamado la nebulosa espacial y entendí que seguro el nombre se debía al olor emanado del tipo detrás de la barra, me senté en una mesa para alejarme del hedor y una chica de mala gana se acerco para tomarme la orden, pedí una cerveza oscura, ella se giro y yo pude verle las nalgas, nada especial, aunque en el planeta rojo eso se podía considerar un lujo, imagine que aquella joven debía ser acosada por los muchos trabajadores que asistían en las noches de viernes después de la jornada en las construcciones, y ella estaría fastidiada de escuchar siempre lo mismo o simplemente tenía un humor del carajo por estar en aquel planeta semimuerto, ese sentimiento lo compartían varias personas que se desilusionaban al llegar y no encontrar sus sueños de fuga. La chica regreso y prácticamente arrojo el tarro sobre la mesa, un poco de espuma salpico en el suelo, pero eso no le importo.
Luego de beber dos tarros de amarga cerveza salí de la nebulosa espacial y me dirigí a mi departamento, las callejones que se formaban entre los pequeños locales daban una atmosfera de estar en la tierra cruzando por los bares de mala muerte de alguna ciudad del mundo, con la diferencia de que aquí no debía preocuparme por bandidos, esa era la gran ventaja de Marte. Tan pronto llegué a la entrada de mi departamento coloque mi dedo sobre el biométrico que identificó mi huella, luego de entrar me acosté en la cama sin quitarme siquiera las botas. El siguiente día continuo de lo más normal, a excepción de que unos animales marcianos habían entrado en la construcción y derribado unos postes que sujetaban unas través, el resultado fue que dos hombres terminaron en la unidad de servicios médicos y teníamos un mes de retraso para terminar aquel edificio de la misma corporación que nos puso en los cohetes espaciales.
Aquellas bestias ya habían dado problemas, pero eran tan escurridizas que escapaban sin dejar rastros para seguirlas, de cualquier forma nadie quería emprender una búsqueda y terminar perdido en los valles muertos de Marte.
Por la noche decidí entrar de nuevo a la nebulosa espacial, seguro para ver de nuevo las nalgas de la grosera que atendía las mesas, pero cuando entre ella me saludo con una sonrisa desde el otro lado del bar.
Del tercer al cuarto planeta
•Diciembre 1, 2009 • Dejar un comentario
Recuerdo la primera vez que arribé al planeta Marte, tan vacio, tan rojo, nada de lo que vemos hoy existía en aquella época, la época de los pioneros.
Como otros tantos, yo fui uno de los primeros en embarcarse en un crucero espacial con destino a Marte, el fin era trabajar en el planeta rojo y adaptarlo para un mejor mañana, en realidad eso significaba una escapatoria para aquellos que abandonaban sus responsabilidades en la Tierra, al principio no fueron tantos los interesados, pero al ver que el planeta prometía mucho, los cohetes comenzaron a ser insuficientes y pronto las personas que deseaban hacer el viaje debían reservar un asiento por lo menos seis meses antes.
Ese estilo de vida consistía en levantarse y salir a trabajar en las construcciones de domos e instalación de servicios que acondicionaran la vida en aquel planeta, después regresar y tomar el resto del día para ocupaciones personales, aunque en el espacio no existían muchas ocupaciones personales. De vez en cuando asistía por las noches a bares, ¿quién diría que el planeta rojo tendría bares y clubes nocturnos antes de tener colonias para las familias y centros comerciales?
No eran pocas las chicas que abandonaban la Tierra para buscar fortuna en Marte, muchas trabajaban como obreras en las construcciones, otras contribuían al mundo del espectáculo nocturno. Lamentablemente no existían labores administrativas en el cuarto planeta y tampoco abundaban las mujeres que quisieran abandonar un empleo de oficina en la Tierra para vivir en un lugar frio y áspero como lo era Marte.
Anuncio del final
•Diciembre 1, 2009 • Dejar un comentarioMonstruo mecánico
•Noviembre 23, 2009 • 2 comentariosTengo afecto por algunas personas y por otras no, lo cual se puede interpretar como sentimientos, o al menos es una versión muy básica de los sentimientos.
Además me molesta que me llamen “Monstruo”, ¿será el hecho de que me parezca a un humano y no lo sea?, ¿por qué soy capaz de realizar más ocupaciones que un simple humano?, ¿me temen por ser tan perfecto?, ¿es por pensar de manera excepcional?, ¿por qué me odian?, ¿en realidad soy tan diferente?
Me consideran un monstruo mecánico sin corazón, pero hasta donde sé si me instalaron un corazón que bombea un líquido viscoso en mi cuerpo, y lo llamarón corazón.
Reflexión de un Robot
•Noviembre 12, 2009 • 3 comentariosMi cerebro responde a estímulos eléctricos.
Mis supuestas emociones son resultado de reacciones químicas.
Los líquidos que circulan por mi complejo sistema mantienen en orden los elaborados órganos de los que depende mi existencia.
Con la ayuda de drogas generadas en mi unidad de procesamiento puedo intensificar las sensaciones que experimento.
Siendo algo tan complejo y casi perfecto, existe algo que logra destruirme.
Nada es más agonizante que ver el deterioro de lo que un día funcionó a la perfección.
Mis sistemas oculares son sensibles a la contaminación que flota en el ambiente.
Algunas fallas en la memoria, quizás por sobre pasar el límite de capacidad.
Me pregunto, ¿Si fuera humano me pasaría todo esto?



















